lunes, mayo 9

Tú nunca estabas.

Sé que no pertenezco a nada de lo que debas echar cuenta. No soy interesante y apenas tengo el pelo largo. No sé de magia y menos, de magos que dibujan paraísos en tu espalda. Pero reconozco esa actitud. Creerte vencida y aplastada por la vida. Agotada. Con el miedo llenando tus pulmones, tus palabras no más que rémoras de lo que eras. 

La mayoría asesinadas por el silencio. 

Conozco esas ganas de beber del agua de otros labios. Aunque ni siquiera parezcan el futuro más cercano. No es algo necesario. Es algo nuevo. 

Noto tus manos temblar y los párpados cerrados para cambiar la realidad, "que por favor, eso no pase jamás". Ese confiar en que todo se irá. Y no, nada avanza hacia el lugar esperado. Un día bien y tres meses mal. Observo cómo desapareces en cada aro de humo; darías parte de ti por que todo ese remolino de deseos se desvanecieran. 

No tienes marcas en tu cuerpo, tan etéreo, siempre has tenido miedo a patinar. A dejar fluír tu sangre sin impedir esa revolución. Ni siquiera te imagino en un calentón, flaca y desnuda, en el servicio de ese bar. 

Sonriéndole al tiempo sin vergüenzas ni complejos.

También he sido parte de esos nervios y ese comerme el cerebro. He roto más de una pared a cabezazos. Cuesta admitir que te desmorona, que ese "monstruo", lleva el mando. Es demasiado difícil dejar de hacer lo correcto para tu esquema de ideas. Eso pasó en mis vidas anteriores, y fracasé. No recuerdo exactamente el día en que mis piernas dejaron de responder, solo que fue demasiado precioso. 

Nacer otra vez. Aprender a respirar. Dejar de estar contaminada. Arrastrar mis manos por mi cuerpo y disfrutar si no me podía controlar. 

Sin embargo, te veo evolucionar, poco a poco, sin saber cómo. Te transformas en cientos de figuras. Crees tener tu corazón en la mano, es gracioso. Destrozas lo que tienes y lo vuelves a pegar con las babas que se te caen al sorprenderte, al notar ese dolor. Tu dolor. 

Y mañana, lo vuelves a hacer. 

Diseñas escapadas a ciegas, el alcohol es siempre necesario en las noches que apenas duermes. No te dejan, ¿verdad? Y si te abro en dos, para ver tu interior, seguro que te asustas, por ver nacer todos esos caminos que deberías cruzar. Y tú, solos los quieres evitar. 

¿Sabes? No tengo la verdad absoluta, eso se lo dejo a otros. Ni me interesa marearte con teorías sobre cómo seducir a flamencos rosas, eres demasiado seria para aguantar tanta tontería. Tampoco necesito decirte cuánto podría ayudarte si dejaras de gritar cada vez que cualquiera cruza las líneas de tu imaginación. 

Sigue así. Te quedan meses de rupturas inconexas. Desastres que creerás dejar atrás con canciones melancólicas de borrachos; eso solo serán más huellas. Un horco, ese mundo de fantasías incendiado por tu desquiciante manera de salirte con la tuya. 

Y al final, te romperás.
Tus manos se llenarán de otras vidas.

Seguramente, ni me acordaré de ti para ese entonces.
Y me sorprenderá.

Será genial, verás que sí. 


domingo, mayo 8

Los bebés no te ven hasta los 3 meses.

"El futuro no existe".
Las galletas también son saladas.
Mi vida ya está programada.
El cine no dice mentiras.


"La cocaína no es buena para su salud".
Y no me importa.
Tú no estás.
Nunca.

Corazón en la garganta.
 Bufandas que son brazos.
Historias de un cabronazo.
Dos.

El condón se rompió.
Dos chicos.
Una enfermedad.
Dos muertes.
Una sola hora de entierro.
No son cristianos.

El condón se rompió.
Chico y chica.
Un parto.
Dos padres.
Una sola hora de bautizo.
Bendición de Dios.


¿Y ahora qué?
Y ahora nada. 
Ya.

Hijos de puta.
Necesitáis un cerebro.
Y drogas.
Y sexo.
Y vivir.


Me he vuelto a enfadar con el mundo.

jueves, mayo 5

Si te esfuerzas, puedes desaparecer.

Desde que nos conocimos tuve la sensación de que nos habíamos visto antes. Recuerdo que llevaba la camiseta rota que le regaló su padre. Mi memoria parece haber hecho desaparecer todo lo demás. Quizás pueda recordar sus dientes blancos, mezclados con la oscuridad del bar. Pero poco más. 


Supuse entonces que, yo he vivido otras vidas. He estado en otro cuerpo antes que el mío y él ha estado en otro cuerpo que no es el suyo. Es el único motivo que da coherencia a que parezcamos casi hermanos, sin habernos dirigido la palabra en ningún momento. Yo ni siquiera le pegaba palizas cuando éramos pequeños. Él nunca tuvo la suerte de conocer cuánto cabrón hay repartido por el mundo. Si lo hubiera hecho, no me sorprendería así. 


Pero fíjate, que incluso cuando miro hacia atrás, en mis fotogramas de la piel, siento la sensación de que se ha enganchado a mi rutina, como si nada, arrancando de mí todos los planes que tenía por hacer. Mis esquemas mandados a la mierda. Y encima, seguro que le encanta Francia. No sé.


No me agobio. Esto debería haber pasado antes. Pero sí es verdad, que no es la primera persona que se cruza por mi camino borrando las huellas anteriores "como si nunca te hubiera dicho nada". 


Y creo, que no sería la única. 


"Mi vida tuvo mucho que ver con las noches que eran egoístas. Tan oscuras y cargadas de tantos monstruos. Hormigas salían de mi boca, haciendo el trabajo de cada madrugada, para no olvidar que siempre tengo despistes, que nunca reparo en nada. Pero sigo diciendo, que mi vida eran catástrofes atadas a la garganta; siempre con anginas. Nadie supo nunca nada.


No era interesante contar que mientras el Madrid de los cojones perdía otra vez, yo me desangraba por vivir sin pensar. Sin maquinar el fin del mundo, sin soñar con ese día en que me quede sorda y ciega, sin escuchar a nadie, sin ver sus ojos llorar. Los ojos del mundo. 


Por eso, cuando salgo a la calle siempre llevo bufandas, me gusta ocultar que el sol el único bien que me hace es el de "desaparecer", por el horizonte, para que llegue la noche, me cuente historias, me acomode, me duerma y me despierte a su mitad, porque no ha podido conciliar el sueño, que la luna ronca y las estrellas no paran de vomitar."








domingo, mayo 1

And every time that she passes, my true love says good-bye.

"Yo era por naturaleza un solitario, me contentaba simplemente con vivir con una mujer, comer con ella, dormir con ella y dar algún paseo con ella. No quería conversación, ni ir a ninguna parte que no fueran el hipódromo o los combates de boxeo. No entendía la televisión. Me resultaba estúpido pagar para ir a ver una película o al teatro y sentarme junto a otra gente para compartir emociones. Las fiestas me ponían enfermo. Odiaba la comedieta, el juego sucio, el flirteo, los borrachos aficionados, los coñazos. Pero las fiestas, el baile, la cháchara, estimulaban a Lydia. Se consideraba a sí misma una bomba sexy. Pero era demasiado obvia.



Así que nuestras discusiones solían surgir de mi deseo de nada-de-gente-para-nada contra su deseo de toda-la-gente-tan-a-menudo-como-sea-posible."



Mujeres. Charles Bukoswki.