jueves, junio 23

martes, junio 21

And had no time to waste.

"Down the dark streets,
the houses looked the same.
Getting darker now, faces look the same,
and I walked round and round.
No stomach, torn apart.
Nail me to a train.
Had to think again,
trying to find a clue,
trying to find a way to get out!

Trying to move away,
 had to move away and keep out."

Qué ganas de Alameda, gente, cigarros, 
amigos, playa (sí, playa), caminos largos,
horas de cama, libros, ordenadores olvidados,
apuntes en cajas, mesas llenas de historias, 
garabatos de "que acabe el verano",
de echar de menos el café de las 15:05,
qué ganas de volver a bailar sin pensar en nadie. 

HOY HA SIDO UN DÍA... GUACHIMORE. 
Ni chiquita, ni chicore, ni chicorita,
guachimore.

Feliz vida, gente. 

miércoles, junio 15

Y todo aquello surge.

"Y si el corazón duele, siempre habrá noches para llorar."


Corazones alarmados,
con la broma que son tus ojos;
trasladados a los domingos de camas,
a los miércoles que parten semanas,
a los viernes de siempre.

Tus dientes irreparables,
el desayuno de los sábados.

Tengo un problema:
mis bragas han creado un estanque.

Mis vísceras sufren incontinencia,
chorrear tanta reflexión,
armar tanto jaleo para que no me veas,
invisible, como el agua. 

Acabé embarrada,
entre flores sin regalar,
cartas tragadas por la cabra 
que llevo en mi interior.
Las ranas fueron tus calabazas,
lo demás, invención literaria.

Es bonito y a veces, incluso alegre.

Si utilizo gafas de sol,
es para verte mejor.


"Sí, como dice la canción".


SE ACABÓ.
SE TE ACABÓ EL ROLLO.

miércoles, junio 8

No me preguntes, no quiero hablar.

Yo no me río, me desbarato. Y si sonrío, será que el cielo se ha partido en dos. Con cuidad, tuve la sensación de arrastrar todo lo que se había ido por la grieta que dejaron tus deditos en mi bragueta. Casi te marchas, cuando me dio por gritar por las noches; aquellos monstruos de colores te contaban fábulas y yo no estaba acostumbrada. Rebosando los pies del plato de tus shows telequinéticos, mientras bailábamos, tus ojos se clavaron en mi espalda, desde entonces llevo chalecos anti balas. 


Yo no lloro, me masturbo. Y si me emociono, será que tus tacones pisotean mis manías y las madrugadas me dejan dormir, teniendo pesadillas con tus folladas y esas bocas relamiendo tus pestañas cargadas de rímel e historias interminables. Tu nombre en canciones que nunca te conocieron, los ratones haciendo nidos en los sujetadores que tu despiste me regaló, colgándolos de la silla de la caverna en la que me abandono a cabezazos contra la pared. El otoño en verano, la primavera en invierno. El granizo solo me trae mensaje telegráficos golpeando mi ventana. 


"Estás bien: te queda ná para desmenuzarte". 


Yo no quiero cafés. Quiero que revientes de una vez, que tus trozos se esparzan por los campos que forman mi cuerpo: recortes de ropa, recortes de vidas anteriores. Necesito ver cómo te disuelves en mis venas y si quieres dañarme, de alguna manera, así me rasgaré la piel y entre las cosquillas y el agua caliente, poemas calcados en mi sien, salgas solita. Roja como la sangre que habita en mi descuajaringado esqueleto, obsoleto y endemoniado, absorto en películas de miedo.   


Echándote de menos.
Y mira por donde, 
 apareces otra vez:

"Y si quieres ver las estrellas,
desde tu habitación: nada.

Vente a mi cama,
entre mugre y apuntes,
calendarios y caries,
hay lunas sin estrenar;
sábanas sin sudar.

Yo, mientras, en silencio,
solo necesito pensar que lo leerás,
te reirás,
me enterrarás".