No sé cómo se empieza. Soy feliz sabiendo que mis demonios se curan solos. Pero me has fallado, te has instalado en los escombros de mi corazón y has jugado sucio. Todo esto ha pasado sin que te enterases.
No sé terminar tampoco. Mira, no tengo ganas de pensarte, tragarte y digerirte. Sacarte en versos que sufren insomnio, aniquilarte con el flúor de mis dientes, porque nunca tuve caries. No me quiero aprender de memoria tus historias secretas ni las contraseñas para que grites a mi oído en las noches de primavera. No tengo fuerzas para observar cómo te mino con mis vidas paralelas, no podría soportar lo que es entender que te pierdo. Mejor estás sin perder. Sin ganarte.
Que la felicidad de tus mentiras alumbre tus noches de monstruos, aquellos que no puedo vigilar cuando te escribo cuatro líneas para sentir que estoy viva. Y pido al cielo que nunca te de por preguntar quién soy yo, por favor. No deseo dejar de cuidarte en silencio. Y menos, que te acerques a un esqueleto tan miserable como este. Lo sabes, te odio como me odio a mí. Más que a mí, porque me has hecho preguntarme si soy algo más que el fantasma de dentadura separada y pies cabos. De máscara y secretos. De dolores y recuerdos sin arrancar.
lunes, febrero 14
sábado, febrero 12
Tengo miedo de desordenar tus vicios
Paseando por la ciudad, tal día en el que me sentía miserable, perdida y absorta en mis ideas e imaginaciones de mundos en los que ser una parte de la bohemia no era delito de estado, observé aquellos personajes vestidos con trapos vendiendo perfumes robados, otros tantos pidiendo limosna a cambio de direcciones sobre cómo y dónde aparcar, pequeñas cabecitas curiosas que pedían a voces que el señorito Viernes llegara antes de lo esperado, máquinas que hablan y te invitan a café, ojos cansados de leer lo mismo para no entender nada, corazones revueltos entre la marea de sangre sin oxígeno que enmarca sus esqueletos, humo de los cigarros a los que me falta dinero para llegar, trabajos no recomendados para la salud, estados de ánimo repetidos: ansiedad y pastilleo crítico para poder levantar las pestañas cuando no se llega a fin de mes.
La música que escucho me llega a aburrir cuando por mucho que avance, todo sigue igual. Los jóvenes de hoy no luchan, los jóvenes de hoy no saben qué cojones hacer con su vida. Solo entienden de guitarras desafinadas y ruidosas, de camisetas rotas, de gente que ha vivido hace treinta años, de polvitos que te convierten en dinosaurios débiles al amor, entienden de kilos y de estilos "raros", de amor, de sexo, de enfermedades venéreas, de qué hacer cuando llegas a los 27 sin haber cumplido ninguno de tus sueños de artista de rock pasado de moda.
Entienden solo de escribir lo que tienen escrito en sus corazones: la muerte de sus padres.
Sí, estamos muertos porque procedemos de personas muertas. Nuestro cuerpo son una mezcla de cenizas, sangre, trozos de carne fresca, fotografías de personas desaparecidas en la fisonomía del pequeño y poco más. No sé por qué tanto pedir a unos desequilibrados que no comprenden el mundo sin cenar cereales y celebrar el fin de exámenes como si de una revolución con éxito se tratara. No sé por qué confían en nosotros, nos dan los mandos de esta bola gigante si somos pequeños de cerebro y cuerpo. E individuales.
Y entiendo de peor forma que nos carguen todos sus muertos, porque ahora es el momento de hacer algo nuevo, de romper edificios y quemar banderas, de salir de viaje y reventar las suelas de las zapatillas, de llorar y gritar, porque es justo el instante para salir corriendo a por más, porque somos jóvenes. Solo por eso. Y sigo sin entenderlo.
Pero, sin embargo, continúo confiando en que la muerte me encontrará antes de convertirme en una carroza de colores apagados, vidas enterradas y huesos quebrados, confío en que esa señorita duerma conmigo en la cama antes de decir tonterías tan gilipollas por la puta boca.
"Here's to the kids out there smoking in the streets.
They're way too young but I'm way too old to preach.
They know it all but they still ain't seen the truth.
Just play my song and I'll show it all to you."
miércoles, febrero 9
Se llenan los charcos cuando estás presente.
Fatídica noche.
Y el santo diablo se puso a rezar:
¿qué tienen los ojos de esa muchacha?
Pestañas que vuelven, cereza de escarcha.
Jugando a las cartas se puso a contar:
me sudan los cuernos si toco su pelo,
me crecen colmillos si veo su cuerpo.
Cuando no hay remedio ya tengo la clave,
mortifico la carne con notas muy graves,
clavando saetas para que no se me escapen
los trozos de tela que cuelgan del traje.
Jarramplas - Canijos sin fronteras
No suelo escuchar este tipo de música, pero la verdad, esta canción la escuché en la playa, junto a mi padre hace casi tres años, antes que el destino empezara a torcerse mucho más de lo que ya estaba. Los versos no me pasaron desapercibidos, busqué por muchos sitios, a veces se me ha olvidado y no lo he vuelto a hacer, pero hoy, a esta hora 2:01 a. m., en silencio, se me vino a la cabeza esa pregunta sin respuesta "¿qué tienen los ojos de aquella muchacha?". Todo, por ahora todo, para mi mundo pequeño y frágil.
La canción, para aquellos momentos de esa playa con Juan, mi padre y muchas cosas más.
lunes, febrero 7
Me gusta tu perfil contra la luz de la mañana.
En el mar no hay sitio para pensar.
Allí no está tu pelo.
Allí no hay ninguna foto.
Allí no puede estar tu cuerpo.
Hay algas que me entretienen.
Arriba y abajo.
Todo es tan lento.
Mi dolor, el agua y que me devoren los peces.
He perdido la ropa.
Y hace tiempo, no veo el sol.
La oscuridad me hizo un hueco en su cama.
Y mis pulmones, encharcados de gritarte,
ya no son los mismos.
No puedo fumar ni veo la tres,
ya no leo revistas
ni sigo tu diario de tragedias,
ya no me importa
quien intente mi papel los domingos.
Me fui para que no me echaras,
todo es más fácil cuando lloras,
no escuchas.
No tuve que decir la verdad.
Mis líneas se borran con la sal de estas gotas.
Todo lo que me rodea es agua.
Duermo las 24 horas,
siempre que no me molesten los submarinos amarillos.
No recuerdo la noche en que cambié de vida.
Solo el paf que me llevó al silencio.
Después, nadie preguntó por mí.
Ni siquiera tus momentos sin Dormidina.
Espero que tras estas líneas rotas,
te quites las bragas,
rompas tu cabeza contra el muro,
porque, como me dijiste hace 6 lunas:
"yo siempre detrás tuya,
yo siempre contigo".
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